Virginia Carrera Garrosa
Virginia forma parte da asociación feminista 13 Rosas e é asesora na Secretaria da Muller de Comisións Obreiras en Salamanca. Actualmente é Doctoranda en Xénero na Universidade de Salamanca.
Ademais é experta en Xestión Laboral (Universidade de Salamanca), fixo o Máster en Políticas de Igualdade e Estudos de Xénero da Universidade de Valladolid. É tamén experta en Prevención da Violencia de Xénero (Universidade de Salamanca), axente de igualdade titulada pola Universidade de Valladolid e Diplomada en Educación Social e Traballo Social.
Ademais é experta en Xestión Laboral (Universidade de Salamanca), fixo o Máster en Políticas de Igualdade e Estudos de Xénero da Universidade de Valladolid. É tamén experta en Prevención da Violencia de Xénero (Universidade de Salamanca), axente de igualdade titulada pola Universidade de Valladolid e Diplomada en Educación Social e Traballo Social.
Antes de nada, ¿qué es 13 Rosas?
Es una asociación que se crea en Salamanca a ráiz de la carencia de feminismo combativo en la calle. Es verdad que hay un compromiso ciudadano, un compromiso académico, pero faltaba el compromiso en la calle.
Nuestro planteamiento fue juntarnos un grupo de mujeres, junto con algún hombre que se pasa por las asambleas, para incidir en la política local desde una perspectiva de género. Somos un grupo que luchamos por la igualdad de hombres y mujeres. Hacemos actividades diversas, nos declaramos defensoras de lo público, apostamos por el derecho al aborto... Nuestro feminismo es el de la igualdad y nos consideramos un grupo de izquierdas.
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| Logotipo de Trece Rosas |
¿Cuál es tu función en CCOO?
Soy la persona que asesora en la Secretaría de la Mujer sobre políticas de género, de igualdad, derechos laborales, negocio planes de igualdad... Atiendo a mujeres por cualquier situación que las pueda afectar por el hecho de ser mujeres como, por ejemplo, un despido por embarazo.
¿Cual crees que es la situación laboral de la mujer hoy en día?
Pues no difiere mucho de la de hace treinta años. Las mujeres acceden de una manera masiva al mercado de trabajo, pero el vacío que queda cuando nosotras salimos de los hogares no es ocupado por nadie, por lo que nosotras mantenemos de alguna manera una doble jornada. Trabajamos dentro y fuera del hogar. Eso supone un handicap a la hora de acceder al mercado de trabajo, que ya de alguna manera no nos absorbe en igualdad porque existen trabajos y tareas todavía segregadas en función del sexo con profesiones altamente feminizadas o altamente masculinizadas. Y por otro lado está esa creencia de que somos cuidadoras, por lo que se nos considera menos productivas, y esto se traduce en un menor salario y en menos posibilidades de promocionar. Antes de la crisis muchas mujeres no accedían al trabajo o no querían acceder a él, casi siempre por motivos derivados de cuidado y de mantenimiento del hogar.
Mientras no haya un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares y mientras hombres y mujeres no sean considerados igualmente productivos no vamos a avanzar. También creo que hay que anteponerse a la segregación ocupacional, es decir, hay que educar para que no haya trabajos de hombres y trabajos de mujeres, ya que luego no tiene igual reconocimiento el trabajo de un hombre que el de una mujer. Esto no ocurre porque hombres y mujeres en un mismo puesto cobren distinto, esto ocurre porque trabajos de igual valor se remuneran de manera diferente.
Pues no difiere mucho de la de hace treinta años. Las mujeres acceden de una manera masiva al mercado de trabajo, pero el vacío que queda cuando nosotras salimos de los hogares no es ocupado por nadie, por lo que nosotras mantenemos de alguna manera una doble jornada. Trabajamos dentro y fuera del hogar. Eso supone un handicap a la hora de acceder al mercado de trabajo, que ya de alguna manera no nos absorbe en igualdad porque existen trabajos y tareas todavía segregadas en función del sexo con profesiones altamente feminizadas o altamente masculinizadas. Y por otro lado está esa creencia de que somos cuidadoras, por lo que se nos considera menos productivas, y esto se traduce en un menor salario y en menos posibilidades de promocionar. Antes de la crisis muchas mujeres no accedían al trabajo o no querían acceder a él, casi siempre por motivos derivados de cuidado y de mantenimiento del hogar.
Mientras no haya un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares y mientras hombres y mujeres no sean considerados igualmente productivos no vamos a avanzar. También creo que hay que anteponerse a la segregación ocupacional, es decir, hay que educar para que no haya trabajos de hombres y trabajos de mujeres, ya que luego no tiene igual reconocimiento el trabajo de un hombre que el de una mujer. Esto no ocurre porque hombres y mujeres en un mismo puesto cobren distinto, esto ocurre porque trabajos de igual valor se remuneran de manera diferente.
¿A qué se debe la discriminación salarial que vive la mujer?
Pues la brecha salarial, que a datos de marzo de 2013 se sitúa en el 17%, se debe a lo que venía diciendo antes: a trabajos de igual valor no se les asigna un mismo salario. Eso para empezar. Las mujeres ocupamos tareas y funciones que tienen un menor reconocimiento social y económico. Pongo un ejemplo: la enfermera y el aparejador de un pueblo. Lo que hace uno es construir viviendas para todo el mundo y la otra cuida la salud de las personas. Entre sus puestos de trabajo hay diferencias, ¿cuál genera mayores pluses? El que desempeña una tarea con carácter mercantilista (como son el urbanismo, construcción, etc.). Son sectores altamente masculinizados. Si nos damos cuenta las mujeres hemos accedido a determinadas carreras masculinas pero los hombres no han accedido a determinadas carreras femeninas (así formamos parte de la Administración Pública porque el acceso es igualitario). Pero cuando coges lo que gana un hombre y lo que gana una mujer y lo metes en dos bolsas y calculas, te das cuenta que las mujeres ingresamos menos en la unidad familiar. ¿Por qué? Porque realmente nuestros trabajos tienen menor valor, por lo que si somos enfermeras estamos cobrando menos frente a los aparejadores.
En segundo lugar, porque disfrutamos de una mayor temporalidad que los hombres. Nuestros contratos son parciales. Pero no porque queramos, ojo, sino porque la empresa nos ofrece ese tipo de jornada. Eso significa menos salarios, menos ingresos, menos independencia económica.
En segundo lugar, porque disfrutamos de una mayor temporalidad que los hombres. Nuestros contratos son parciales. Pero no porque queramos, ojo, sino porque la empresa nos ofrece ese tipo de jornada. Eso significa menos salarios, menos ingresos, menos independencia económica.
¿Cómo se puede combatir?
Yo siempre lo digo, ¡hay que educar en igualdad! ¿Pero qué pasa? Que llega un momento en el que parece que la buena voluntad y la educación son la solución... pero no llega. Hay que promocionar que la educación no sea sexista, hay que usar el lenguaje genérico para nombrar... Pero a parte de prevenir en la educación, es clave que tomemos medidas y que se cumplan. Hombre y mujeres somos diferentes pero eso no tiene que conllevar una diferencia, una desigualdad en el trato. A nivel educativo no se está avanzando a la velocidad necesaria, porque no se educa en igualdad, no nos engañemos.
A parte de la educación hay que plantear unas medidas de carácter obligatorio, por ejemplo que haya equilibrio de hombres y mujeres en los puestos de dirección de las empresas, en trabajos masculinizados y en trabajos feminizados...
El tema es que educar en igualdad es clave, pero mientras eso no llega hay que tomar medidas de carácter obligatorio, pero no por imposición, si no que es necesario tener un convencimiento de que la igualdad hay que avanzar con ella y cumpliendo con las normas
¿Crees que algún día se llegará a la igualdad salarial?
Sí, yo creo que sí... o ¡esperemos que se consiga! Pero no se puede creer en la buena voluntad...
¿Alguna vez te encontraste con algún caso de discriminación laboral por razón de sexo?
Más de uno. Hoy en día la discriminación por razón de sexo se da sobre todo por razones derivadas de la maternidad. Actualmente nos podemos encontrar con una cosa muy curiosa: el acoso sexual, o mejor dicho, el acoso por razón de sexo. Estas situaciones de desigualdad de las mujeres vienen motivadas por el proceso de maternidad, de cuidado o por la creencia de que tenemos que estar pendientes de todo lo que ocurre en el hogar.
Lo que ocurre es que esos despido son despidos encubiertos. La discriminación existe, pero no te dice abiertamente que te echan por ser mujer y quedarte embarazada. Hay otras formas de echarte, como creándote situaciones de inseguridad mediante el "mobbing maternal", acoso por razón de sexo.
¿Qué aconsejarías a una mujer que se sintiera discriminada por razón de sexo en su trabajo?
Que lo denuncie. Y sobre todo plantearía unidad en la clase trabajadora. Es decir, cuando una mujer sufre acoso motivado por el sexo, cuando sufre persecución en su trabajo, cuando sufre "mobbing maternal" es necesaria la unidad de la clase trabajadora, porque esto es también un problema de clase.

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